Después de varias docenas de hombres, seis mujeres, una pareja de swinger vieneses, un cuarteto con un chino y dos negros, un testigo de jeovhá, dos cuadrúpedos y saliendo de una orgía, he llegado a una conclusión: Odio copular.
Masturbarse es más cómodo y menos desalmado...
lunes, 30 de marzo de 2009
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